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“El Baile de la Victoria”: Una derrota para la aristocracia julio 10, 2011

Santiago de Chile. Producto de un indulto, el famoso ladrón de cajas fuertes Nicolás Vergara Grey (Ricardo Darín) queda en libertad. El veterano quiere alejarse del mundo del hampa, pues ha perdido el amor de su esposa y de su hijo. En ese contexto el joven Ángel Santiago (Abel Ayala), quien también obtuvo el beneficio, lo busca para perpetrar un golpe millonario. La negativa del viejo ladrón se vuelve una constante hasta que en sus vidas aparece Victoria (Miranda Bodenhöfer), una misteriosa muchacha muda que, mientras intenta convertirse en una reconocida bailarina nacional, conquistará a Ángel y hará que Vergara Grey mire el mundo con otro prisma.

Basada en la novela homónima de Antonio Skármeta, “El Baile de la Victoria” (2009), drama romántico dirigido por el español Fernando Trueba, tiene  todas las condiciones para superar al papel. Sin embargo el tratamiento visual y narrativo que  el director pretende mantener desde lo escrito a lo audiovisual emplaza al filme al lugar que le corresponde: es el correr de una cadena de acontecimientos.

En ese sentido, esta película sabe cómo plasmar en la pantalla, con estricta fidelidad, a la mayoría de los personajes del libro. Sin embargo los cambios y adaptaciones que se realizaron para el celuloide no siempre encuentran su justificación en la cinta. Y es en este punto donde la protagonista, Victoria, sale perdiendo.

La mudez que adquiere la bailarina en la obra cinematográfica reduce su sistema de comunicación a mímicas infantiles y a balbuceos poco creíbles para personas en su condición. Hay momentos en que llega a ser indescifrable.  Pero la cinta debe continuar y de manera misteriosa su interlocutor entiende casi todo lo que ella le transmite. Un ejemplo de esto es la presentación de su nombre.

Esta situación cambia también la personalidad de Victoria. De ser una mujer con carácter, decidida, autosuficiente pasa a ser una joven casi dependiente, frágil. Algo que corrompe la historia original.

Los otros personajes, basados todos en estereotipos caricaturezcos y planos, hacen lo suyo: encarnar todo lo que se escribió sobre ellos. Mas en esta tarea es necesario mencionar que hay algunos más sobresalientes que otros. Y ese es el caso de Nicolás Vergara Grey.

El famoso delincuente vive a partir de las experiencias. Esto le permite a Ricardo Darín  aprovechar la vida pasada ficticia que Skármeta situó en el pasado de Nicolás Vergara Grey y no  resulta extraño que los espectadores vean al personaje del libro en en cada mirada, en cada paso, en cada pensamiento y en cada palabra del actor trasandino. Esto es, en suma, una demostración de la profesionalidad con la que Darín realiza su trabajo en el filme.

El Baile de la Victoria” es una película que, en un nivel simbólico, representa la constante lucha de la aristocracia por mantener sus costumbres y sus lugares de encuentro. Por lo mismo, el verdadero triunfo de la bailarina muda no será danzar en el escenario teatral más importante de Chile, sino que “presentarse en sociedad” aún siendo una muchacha sin linaje. Y lo intentará en el mismo lugar en el que las familias hidalgas lo hacen: el Teatro Municipal de Santiago.

Es por esto mismo que los escenarios en los que transcurre la película pertenecen a un supuesto lado “B” de Santiago. Son locaciones propias del roto chileno y que últimamente han resultado tan pintorescos para los ojos de algunos “cuicos” que disfrutan con el mundo de los “guachacas”: el Portal Fernández Concha, la Plaza de Armas, el Hipódromo Chile y un cine pornográfico del centro de la capital. Son, en definitiva, lugares que antes pertenecieron a la aristocracia y que hoy están demacrados por el populacho.

Postulada a los premios Oscar por España para la categoría mejor película extranjera, esta película es la concreción de varios intentos de llevar a la pantalla el libro de Skármeta. En ese sentido Fernando Trueba puede quedarse contento pues, sea como sea, ha cumplido su misión.

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